El 2026 no se gana en Excel, se gana primero alineando las mentes de tu equipo

se gana alineando mentes antes que los presupuestos
Antes de hacer planes, asegúrate de que tu equipo comparta una misma visión sobre cómo ganar y crecer: creando valor relevante y diferenciado, construyendo capacidades singulares que lo sostengan y desarrollando una marca que lo haga visible.

Comparte este artículo

Por estas fechas, las salas de juntas se llenan de entusiasmo: tableros, proyecciones, hojas de Excel, objetivos y presupuestos. Todos se preparan para “ganar el 2026”. Pero en medio de esa energía, hay algo que muy pocos equipos se detienen a revisar: ¿Estamos realmente pensando igual sobre lo que significa ganar? Porque no hay nada más costoso que tener líderes comprometidos… con ideas distintas del mismo negocio.

Los conceptos que definen si tu equipo está listo para ganar en 2026

Antes de hablar de presupuestos, vale la pena detenerse a revisar seis conceptos que explican por qué algunas estrategias se quedan en Excel y PowerPoint y otras se convierten en resultados reales.

1. El costo de la divergencia no resuelta

La diferencia de opiniones no es el problema. El problema es evitarla. Cuando las tensiones entre líderes no se expresan, se esconden. Y lo que se esconde en la conversación aparece después en las decisiones. La divergencia no resuelta genera planes confusos, energía dispersa y decisiones que se contradicen. Resolverla requiere una conversación honesta, no más reuniones.

2. Armonía no es alineación

A veces los equipos creen que todo está bien porque “no hay conflictos”. Pero cuidado: la armonía superficial es uno de los grandes enemigos de la claridad. La armonía busca evitar el conflicto. La alineación lo enfrenta con propósito. Una organización madura no teme al desacuerdo; lo usa para construir coherencia. Decidir juntos no es pensar igual, es pensar desde el mismo propósito.

3. La trampa del consenso

Cuando todos asienten demasiado rápido, algo anda mal. El consenso inmediato suele ser una forma elegante de callar lo importante. Y ahí nacen los planes que suenan bien, pero no orientan la acción. Porque la alineación no se mide por el silencio, sino por la calidad de las conversaciones que el equipo se atreve a tener.

4. La estrategia se fragmenta en las mentes

Las empresas no se fragmentan en los mercados, se fragmentan en las mentes de quienes las dirigen. Cuando cada líder tiene una definición distinta de qué es valor, cuál es la ventaja a construir o qué representa la marca, la estrategia se vuelve una suma de esfuerzos bien intencionados… pero desconectados. El resultado: todos trabajan mucho, pero el negocio no avanza en una sola dirección.

5. El síntoma invisible: la calma aparente

El síntoma más peligroso no es el conflicto, sino la tranquilidad aparente. Esa sensación de que “todo está bien” porque nadie discute. Pero cuando ya no hay debate, probablemente ya no hay pensamiento colectivo. Y cuando desaparece la conversación, desaparece la claridad.

6. Liderar es sostener tensiones

Los mejores líderes no eliminan las tensiones, las sostienen. Las usan como energía creativa para pensar mejor y decidir con más sentido. Liderar no es evitar los choques, sino convertirlos en diálogo productivo. Sin tensión no hay reflexión. Y sin reflexión, ninguna estrategia sobrevive al primer trimestre.

Una historia que lo resume todo

A finales del 2024 acompañé a un comité directivo que se preparaba para su planeación anual. Cinco directivos con experiencia, una reunión armoniosa y aparente claridad. Les hice una sola pregunta: “¿Qué significa ganar para ustedes en 2025?”. Cinco respuestas distintas. Todas válidas, pero ninguna compartida.

Ese día comenzó un proceso de conversaciones que cambió su forma de pensar. Dejaron de hablar de datos del pasado y de cifras futuras sacadas del deseo y empezaron a hablar de criterios para ganar. Clarificaron qué valor era necesario crear, cuáles capacidades debían fortalecerse para proteger el valor creado, los diferencian y de qué manera su marca debía hacerlo visible y comunicarlo. Meses después, no solo lograron mejores resultados. Lograron decidir con menos ruido y más propósito.

La base invisible de toda estrategia

Antes de diseñar el plan de acción del 2026, hay que tener una visión común sobre:

1) ¿Qué valor creamos para el cliente?

2) ¿Qué capacidades hacen posible ese valor?

3) ¿Qué identidad comunica nuestra marca para posicionarlo?

Cuando estas tres ideas son coherentes, la organización gana foco, alineación y velocidad. Sin esa claridad compartida, los planes son solo hojas de cálculo con buenas intenciones.

Por qué este tema importa ahora

Estamos entrando al momento del año en que todos planifican. Y aunque eso suene bien, planificar sin alinear mentes es como construir sin cimientos. En un entorno donde los mercados cambian cada mes, el 2026 no se ganará con más datos ni con más planes, sino con equipos que piensan igual sobre cómo ganar. Pregúntate varias veces: ¿Qué significa ganar para nuestra organización en 2026?

 

Conclusión

Antes de hablar de presupuestos, objetivos o campañas, asegúrate de algo más importante: que las mentes de tu equipo estén alineadas. Porque las estrategias ganadoras no nacen en Excel, nacen en conversaciones que traen claridad sobre el valor, la ventaja y la marca. El 2026 no se gana con más planes. Se gana pensando juntos sobre cuál es la mejor alternativa para ganar.

Más para explorar